Visita a Londres
Voy sentado con mis padres en su camioneta. Mi padre, sentado a mi izquierda, va manejando lentamente. Mi madre, a mi derecha, observa el paisaje y me avisa cuando hay algo que merezca la pena ser fotografiado. Yo, tomando fotografías a uno y otro lado, me desespero cuando la cámara se demora en cargar el siguiente disparo. Le recuerdo a mi padre que tenga cuidado pues debemos manejar por la izquierda de la calzada y además se ve un policía cerca, pero él responde que todo está bien, que el día anterior ya había manejado. De pronto, mi madre me indica algo particular. Al costado izquierdo se ve emerger la blanca cima aguzada de una catedral gótica desde el cemento de la vereda. No sobresale más de dos o tres metros y parece un tanto inclinada. Le saco fotografías a través de la ventanilla y después me quedo observándola por el vidrio trasero a medida que nos alejamos.Luego de un momento le sugiero a mi padre que estacionemos el vehículo y recorramos a pie pues, aunque no contamos con un mapa de los lugares turísticos, seguramente con más calma tendremos más posibilidades de ver y fotografiar lugares bonitos. Unos instantes después de aparcar, la idea comienza a dar resultados. En el antiguo suelo de piedra encontramos dos cintas como de aluminio paralelas de alrededor de una pulgada de ancho y separadas por otro tanto similar, las cuales terminan su recorrido en un eje cilíndrico inclinado sobre el que se asienta un globo terráqueo o algo similar que lo representa, todo el conjunto de un color plateado metálico. Me acerco a leer un cartel indicativo que nos aclara que nos encontramos en el Meridiano de Greenwich, separador de los hemisferios Este y Oeste del planeta. Aquí y allá se ven turistas tomando fotografías, y le digo a mis padres que se pongan frente a la escultura para que los retrate en tan famoso lugar.
Luego de sacarles la foto, mi padre me recuerda que no tenemos mucho tiempo, así que le digo que iré a mirar a un costado donde se ve mucha gente observando pero que regreso en seguida.
Las personas se encuentran mirando a lo lejos una especie de valle verde bastante profundo y muy bello que, en donde estamos, posee unos cuantos kilómetros de anchura. Al otro lado se ve una planicie similar a aquella en la que estamos nosotros, pero sin piso de piedra, sino cubierta simplemente de pasto. Al borde, logro distinguir otra catedral gótica blanca, cuyas puertas miran hacia el abismo.
Lo que más me llama la atención, sin embargo, es que cerca mío, antes del cañón, hay una especie de cerro romo y alargado formado completamente por pequeñas piedras chancadas de color café. De su superficie salen cuatro puntas verticales, también de color café, que forman un rectángulo entre ellas. Debido a las desigualdades en el nivel de la superficie del montículo, algunos de estos monolitos sobresalen más que otros pero parecen tener la misma altura. De pronto caigo en la cuenta de que se trata de las cuatro esquinas de otra catedral gótica que seguramente se encuentra intacta bajo las piedras. Espero que salga el sol de detrás de unas nubes para aprovechar los rayos que iluminan de forma preciosa las agujas de la iglesia sepultada...
Tan pronto como desperté, intenté recordar el sueño para más tarde no olvidar los detalles y cuando lo hube repasado encendí el computador para buscar información e imágenes de catedrales enterradas. No encontré nada satisfactorio, pero la siguiente búsqueda que realicé me dejó literalmente con la boca abierta: ¡Estuve en Greenwich! Lo único que yo sabía del meridiano de Greenwich era que se trataba de un antiguo observatorio astronómico y que se encontraba en Londres, pero si me hubiera puesto a imaginarlo de forma consciente no creo que hubiese sido como lo vi en sueños. Además, supongo que habría imaginado la demarcación en el suelo como una línea única. La imagen la encontré en Internet (la dirección de la cual la tomé aparece en la imagen misma).








