Friday, April 20, 2007

Visita a Londres

Voy sentado con mis padres en su camioneta. Mi padre, sentado a mi izquierda, va manejando lentamente. Mi madre, a mi derecha, observa el paisaje y me avisa cuando hay algo que merezca la pena ser fotografiado. Yo, tomando fotografías a uno y otro lado, me desespero cuando la cámara se demora en cargar el siguiente disparo. Le recuerdo a mi padre que tenga cuidado pues debemos manejar por la izquierda de la calzada y además se ve un policía cerca, pero él responde que todo está bien, que el día anterior ya había manejado. De pronto, mi madre me indica algo particular. Al costado izquierdo se ve emerger la blanca cima aguzada de una catedral gótica desde el cemento de la vereda. No sobresale más de dos o tres metros y parece un tanto inclinada. Le saco fotografías a través de la ventanilla y después me quedo observándola por el vidrio trasero a medida que nos alejamos.
Luego de un momento le sugiero a mi padre que estacionemos el vehículo y recorramos a pie pues, aunque no contamos con un mapa de los lugares turísticos, seguramente con más calma tendremos más posibilidades de ver y fotografiar lugares bonitos. Unos instantes después de aparcar, la idea comienza a dar resultados. En el antiguo suelo de piedra encontramos dos cintas como de aluminio paralelas de alrededor de una pulgada de ancho y separadas por otro tanto similar, las cuales terminan su recorrido en un eje cilíndrico inclinado sobre el que se asienta un globo terráqueo o algo similar que lo representa, todo el conjunto de un color plateado metálico. Me acerco a leer un cartel indicativo que nos aclara que nos encontramos en el Meridiano de Greenwich, separador de los hemisferios Este y Oeste del planeta. Aquí y allá se ven turistas tomando fotografías, y le digo a mis padres que se pongan frente a la escultura para que los retrate en tan famoso lugar.
Luego de sacarles la foto, mi padre me recuerda que no tenemos mucho tiempo, así que le digo que iré a mirar a un costado donde se ve mucha gente observando pero que regreso en seguida.
Las personas se encuentran mirando a lo lejos una especie de valle verde bastante profundo y muy bello que, en donde estamos, posee unos cuantos kilómetros de anchura. Al otro lado se ve una planicie similar a aquella en la que estamos nosotros, pero sin piso de piedra, sino cubierta simplemente de pasto. Al borde, logro distinguir otra catedral gótica blanca, cuyas puertas miran hacia el abismo.
Lo que más me llama la atención, sin embargo, es que cerca mío, antes del cañón, hay una especie de cerro romo y alargado formado completamente por pequeñas piedras chancadas de color café. De su superficie salen cuatro puntas verticales, también de color café, que forman un rectángulo entre ellas. Debido a las desigualdades en el nivel de la superficie del montículo, algunos de estos monolitos sobresalen más que otros pero parecen tener la misma altura. De pronto caigo en la cuenta de que se trata de las cuatro esquinas de otra catedral gótica que seguramente se encuentra intacta bajo las piedras. Espero que salga el sol de detrás de unas nubes para aprovechar los rayos que iluminan de forma preciosa las agujas de la iglesia sepultada...


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Tan pronto como desperté, intenté recordar el sueño para más tarde no olvidar los detalles y cuando lo hube repasado encendí el computador para buscar información e imágenes de catedrales enterradas. No encontré nada satisfactorio, pero la siguiente búsqueda que realicé me dejó literalmente con la boca abierta: ¡Estuve en Greenwich! Lo único que yo sabía del meridiano de Greenwich era que se trataba de un antiguo observatorio astronómico y que se encontraba en Londres, pero si me hubiera puesto a imaginarlo de forma consciente no creo que hubiese sido como lo vi en sueños. Además, supongo que habría imaginado la demarcación en el suelo como una línea única. La imagen la encontré en Internet (la dirección de la cual la tomé aparece en la imagen misma).

Thursday, March 08, 2007

El Final de una Guerra

Querido amigo, esto lo soñé la noche pasada. Espero de corazón que sea una buena premonición para tu familia:

Veo gente llena de miedo e incertidumbre en un territorio hostil cercado por la guerra en alguna frontera de México. El paisaje es oscuro y ventoso a orillas de un lago de aguas ominosamente negras que no ofrecen ningún consuelo, sino al contrario, provocan más destemplanza en el corazón. El viento incesante y la oscuridad producida por el humo y por el polvo levantado al aire por las bombas, no han permitido que crezca nada nuevo, y todo lo que se logra divisar es una hierba baja, seca y áspera que cubre todo cuanto se alcanza ver tierra adentro y que no proporcionaría refugio en caso de necesitarlo. A lo más, veo junto al lago el cadaver escuálido de un árbol que se rehúsa a desaparecer. No somos muchos, alrededor de diez, pero sólo reconozco entre ellos a tu madre, a la mía, y a tu hermana pequeña, que juega junto al lago con un niño de su edad de cabello rubio.

De pronto alguien trae la vaga noticia de que la guerra parece haber terminado. Sin atrevernos a liberar con anticipación la alegría encerrada en nuestros corazones por temor a un desaliento más duro, nos miramos los unos a los otros y comenzamos a caminar hacia nuestros hogares, o lo que pueda quedar de ellos. En ese instante se oye el fuerte y repentino ruido de un motor y desde la penumbra del lago sale, como si se tratara de una ballena, una sombra aun más oscura con la forma de una lancha. Sin haber vislumbrado dónde estaba la orilla del lago, el conductor de la lancha se ha topado con la orilla y el vehículo se levanta unos metros y cae de golpe sobre el pequeño amigo de tu hermana, aplastándolo y matándolo en el acto. No hay nada que se pueda hacer. Si es cierto que la guerra ha terminado, sus últimos estertores tóxicos se están llevando a sus últimas víctimas.

Veo ahora que estamos en una habitación algo vieja y poco sólida de paredes construidas quizás de adobe, pero que sin embargo representan un refugio mejor que la intemperie exterior. Al parecer se trata de un comedor pues en el centro se halla una mesa de madera rústicamente construida alrededor de la cual nos encontramos sentados tu madre, a la cabecera; yo, a su izquierda; mi madre, a su derecha en frente mío; y tu hermana a su lado. Detrás de mí hay una pequeña ventana por la que se divisa el mismo paisaje de interminable hierba seca. Nuestros ánimos no han mejorado mucho. Mi madre le pregunta a la tuya acerca de tu hermana y ella le responde que se encuentra bien, que la escoliosis se ha curado al fin. Además, agrega como en broma que si tu hermana seguía enferma era por ser testaruda y no hacerles caso a los médicos o por no adoptar la postura adecuada o algo como eso. Su cara no refleja tanto felicidad como tranquilidad. Se nota que ha pasado por momentos muy difíciles en el último tiempo. Mi madre y yo nos giramos hacia tu hermana y efectivamente puedo ver que en apariencia se encuentra bien, como si nunca hubiera padecido enfermedad alguna...

Thursday, January 04, 2007

Araña

Estabas recostado en la cama cerca mío y de pronto veía una pequeña araña de rincón sobre tu chaleco. Mi reacción era rápida pero no muy inteligente. Intentaba matarla con la mano pero sólo la apretaba y quizás le sacaba unas cuantas patas. El resultado fatal era que ésta me mordía la punta del dedo índice. Tú te alarmabas al ver mi cara que no lograba disimular algo de angustia y me preguntabas si todo estaba bien, pero yo intentaba bajarle el perfil al asunto y te decía que había sentido algo pero que seguro era muy superficial y no había atravesado mi piel. Me apresuraba al baño, sin embargo, y me apretaba el dedo. Con facilidad comenzaba a brotar una gota de sangre tras otra desde una herida invisible. Comenzaba a chupar y escupir la sangre varias veces hasta que pensaba que no debía quedar más veneno dentro, pero estaba equivocado. La punta de mi dedo comenzó pronto a lucir como fruta podrida y aún no habíamos tenido tiempo de buscar asistencia. Cuando desperté, la necrosis ya estaba por llegar a la primera falange...
Había otra persona con nosotros, pero no logré reconocerlo. No parecía mala persona, pero tampoco ayudaba, sólo se notaba un tanto preocupado. Algo que me consolaba era que tú no te veías molesto por mi tonta reacción de intentar matar una araña con mi mano desnuda. Ahora había algo más importante de qué preocuparse.

Saturday, December 16, 2006

Rescate de la Sabiduría de Antaño

Un mundo en penumbras. Ni el día ni la noche llegan a estos dominios que se mantienen en un crepúsculo constante. En estas tierras, semiocultas por las sombras eternas, se confunde un paisaje de ríos, bosques y montañas. Los valles son difíciles de recorrer y las gentes que los habitan nacen, desesperan y mueren sin haber visto jamás la luz vivificante del Sol o la tranquilizante luz de la Luna. Este pueblo, que hace muchos años fuera ilustre y poderoso, se halla hoy, como su mundo, también eclipsado. Un pasado de esplendor y sabiduría se halla hoy en el filo del olvido, y la ignorancia y la barbarie son reinas y señoras de los clanes que aún quedan dispersos aquí y allá en estas tierras condenadas.
Los grandes palacios no son más que viejas ruinas y la gente habita en chozas de ramas y paja que apenas les sirven para cubrir sus inmundos cuerpos. La hediondez y la podredumbre de sus propias heces y de los restos de animales muertos y comida putrefacta se asilan en la penumbra para embotarles aún más las ya entumecidas mentes.

Los soberanos de un pueblo no muy lejano que en el pasado fuera tan sabio como éste y que no ha sido condenado a la terrible oscuridad han decidido que en honor a la resplandeciente historia de los hoy bárbaros, es hora de hacer algo por recuperar el tiempo perdido y salvar a estos pobres seres de la ignorancia y la muerte en vida, y de paso intentar salvar lo que pueda quedar de la antigua sabiduría. Para ello, los dos hermanos soberanos han decidido marchar ellos mismos con un ejército hacia las sombrías tierras. Dos emisarios han sido enviados delante, de modo de avisar de su llegada a los bárbaros, pero estos, sin la menor muestra de principios ni de sensatez, han decidido que lo mejor que se puede hacer con los dos embajadores es apalearlos hasta la muerte, y nada menos que en un antiguo lugar sagrado.

Lo único que aún queda en pie del lugar es un arco de dos palos verticales y uno horizontal sobre ellos, de unos cuatro metros de altura por dos de ancho. Bajo esta rústica construcción dejan los cuerpos molidos de los dos hombres, pero cuán inmenso es su pavor cuando uno de ellos vuelve al sitio y se percata que las piernas de los desgraciados han adoptado la forma de Wunjo, la runa del Sol. Grande es su ignorancia pero ciertas cosas parecen hallarse sujetas muy profundo en sus mentes, pues de inmediato se dan cuenta de lo que significa este presagio. Han insultado a los dioses del Sol y de la Luna, y más aun, su ofensa ha llegado hasta el dios superior.
Sobre los cuerpos se pueden observar dos figuras flotando en el aire que representan a los dos Astros, y al centro, sobre ellas, la cara de un anciano cuyos ojos reflejan una inmensa sabiduría y paz interior. Es la confirmación clara de su presentimiento.

En el mismo instante en que se ve aquello, aparecen bajando de la ladera de una boscosa montaña las tropas de los soberanos, dioses del Sol y de la Luna. Algunos de los soldados vienen a caballo y otros muchos a pie. Al llegar al lugar sagrado, se adelantan los dos soberanos, bajan de sus caballos y observan los cuerpos de sus emisarios. Se parecen bastante entre sí. Visten de ropas negras y son corpulentos pero no demasiado altos. Su tez es más bien oscura como sus largas cabelleras, que llevan sueltas sobre sus espaldas. Sus caras son autoritarias y sombrías, pero sus intenciones no son hacer más mal a aquellas gentes que actúan por ignorancia, sino restaurar el orden perdido.
Los habitantes los miran paralizados de terror, pero los reyes se adelantan, caminan bajo el arco de madera, y, observando las sombrías tierras que se extienden a lo lejos, proclaman que es tiempo de cambiar el orden de las cosas. Ellos se harán cargo del gobierno de esta tierra sin ley y devolverán la paz y la sabiduría a su gente.

Luego de todo eso se puede ver a masas de gente moviéndose por entre bosques y montañas hacia el lugar en el que se asentará la capital del nuevo reino. Todo el tiempo la luz de la Luna les alumbra el camino, mientras que aquellos que ya han llegado a su destino gozan de la luz permanente de un Sol agradable, ya sea de día o de noche, mientras se dedican a sanear la suciedad que aún queda para reconstruir su antiguo pasado majestuoso.


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Sueño acacido en la ciudad de Santiago, donde pasé unos días extraordinarios gracias a todos mis amigos y a mi pareja hace un par de semanas. Si es posible dedicar un sueño, se los dedico a todos ellos como muestra de amistad y agradecimiento, y especialmente a Ana María, por soportarme, darse el tiempo que no tenía por atendernos a mí y a O. y por escuchar con atención mi sueño y percatarse de algo en lo que no había reparado: yo no aparezco por ninguna parte en mi propio sueño.

Abrazos para todos.

Thursday, November 02, 2006

La Salvadora de las Praderas Verdes

Valles angostos, serranías elevadas. Todo tapizado de hierba baja. Al fondo, las aguas oscuras de un mar que golpea incansable los acantilados de las montañas que osan penetrar en él, transformando verde y negro en una chispeante lluvia de diamantes al sol. El contraste de colores es fascinante y perfecto, como perfecta ha sido por milenios la relación con los pueblos que habitan las verdes praderas y el entorno que los rodea y les da alimento y vida. Hoy, sin embargo, una amenaza se cierne sobre estas gentes de la tierra. La sombra de un gobernante y su pueblo extranjero amenaza siniestramente con oscuridad, esclavitud y quizá incluso la total extinción.
Yo soy la encargada, ya sea por decisión del pueblo, ya sea por una característica singular, ya sea por mi linaje, de realizar una acción que ayudará a evitar el peligro antes de que el choque se produzca. Mi misión consiste en escalar la más vertical de las montañas, con sus verdes laderas casi totalmente lisas, para obtener un objeto que se encuentra sobre su ancha cima desde hace tiempo inmemorial.
Antes de emprender el ascenso, converso y pido consejos a quien será mi acompañante en la escalada, pero quien a pesar de poder hacerlo, no debe ayudarme físicamente a lograr mi objetivo. Se trata de un indígena que parece ser mi compañero espiritual y mi pareja. Él es alto y de piel y cabello oscuro. Va desnudo de la cintura hacia arriba y lleva un cintillo alrededor de la cabeza. Sus negros ojos parecen muy sabios a pesar de que sólo parece contar con una treintena de años.
Por mi parte, yo soy alta y de cabellos negros muy largos que caen sueltos sobre mi espalda y mis hombros descubiertos. Mi piel, en contraposición a la de la gente de mi pueblo, es muy blanca. Visto una larga túnica azul muy sencilla que sólo lleva por adorno un cinturón de género anudado a la cintura. Mis pies, como los de mi consorte, van calzados con unos sencillos mocasines de cuero que haránmás fácil la ascensión. El conjunto se ve cómodo y liviano como el aire puro que nos rodea en esa tierra inmaculada.
Es tiempo de comenzar a escalar y mi compañero, junto con una palabra de ánimo, me recuerda que estará todo el tiempo junto a mí.
El comienzo del ascenso es relativamente sencillo, a pesar de que pies y manos deben buscar cuidadosamente las pocas grietas, ramas o salientes donde van a posarse. La poca inclinación de la montaña, sin embargo, juega pronto en mi contra y mi cuerpo comienza a rendirse a la fatiga y al vértigo de la altura y de no hallar un lugar seguro de donde afirmarme. Falta de fuerzas, le pido ayuda a mi compañero, mas él, a mi lado, me dice que recuerde a aquella ave de plumaje irisado que nuestro pueblo venera y que anida en las laderas de estas mismas montañas. Me cuenta cómo, cuando los polluelos ya se encuentran en edad de aprender a volar, su madre los insta a subir hasta la cima de los montes, y que a pesar de poderlos llevar ella con facilidad, se limita a llamarlos revoloteando sobre ellos y mostrándoles el camino. Una vez arriba permanecen unos días hasta que sus alas ya se han fortalecido lo suficiente y los pequeños se lanzan montaña abajo con valentía envidiable y antes de morir destrozados en los valles o los acantilados aprenden a sostenerse en la brisa como si siempre lo hubieran estado haciendo.
Al comprender el significado de sus sabias y alentadoras palabras se me renuevan las fuerzas y continuo la escalada, aunque no sin dificultades, hasta que llego a la cima del monte. Una vasta planicie en medio de la cual veo un pequeño montículo de piedras negras amontonadas hacia donde dirigimos nuestros pasos. Sobre las rocas se halla un delicado collar de cuentas azuladas transparentes unidas entre sí por finísimos hilos que a la luz oblicua del sol semejan una telaraña orlada de gotas de rocío al despertar la aurora.
He obtenido pues mi recompensa. De algún modo este sencillo pero bello abalorio tiene el poder, o así lo piensan los sabios de mi pueblo, de salvar nuestras tierras y a nosotros mismos de la invasión de los extranjeros que pretenden, con o sin intención, destruir nuestra tierra y nuestras costumbres milenarias y el balance delicado que hemos logrado mantener desde que el primero de nosotros germinó en este mundo.


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Una maravillosa cualidad de los sueños es suprimirnos nuestro lado lógico y así dejar de lado prejuicios adquiridos. En el sueño yo era una mujer, y dentro del mismo no había nada extraño en este hecho. Podía sentir mi cuerpo femenino y era completamente normal. De hecho, un par de segundos después de despertar, cuando el velo entre el mundo onírico y el de la vigilia es muy tenue y confuso, aún logré mantener la sensación de tener pechos abultados y un cuerpo que no era el mío. Me siento afortunado y agradecido de haber sentido por unos pocos segundos aquel privilegio que, como cuenta la leyenda, Zeus y Hera le concedieron un día a Tiresias.

Thursday, September 28, 2006

Cúmulo Onírico

Tres sueños recordados en una noche. De esas noches en que algo te incomoda, algo no te permite descansar y despiertas sobresaltado decenas de veces y la oscuridad te agobia por lo que deseas encender la luz, o cubrirte hasta las orejas antes que el sueño se disipe y ya no puedas volver a dormir y tengas que contemplar la negrura por unos laaargos minutos hasta que regrese la pesadez a tus párpados.
El común, los tres tienen tintes de pesadilla y los tres se desarrollan en la penumbra o la completa oscuridad. El significado de algunas cosas lo vislumbro por ciertas circunstancias de mi vida actual, pero me parece que mi intención al poner los sueños acá ya no es tanto descifrarlos, sino más bien recordarlos y ojalá entretener con un cuento.

Sueño # 1
Despierto con cierta inquietud. Mi habitación es bastante oscura de noche. Los postes, si prenden, quedan lejos detrás de árboles. Enciendo la lámpara de mi velador pero ésta no se prende y presumo que no hay electricidad. Me levanto y saco una vela de mi librero y la enciendo. Lo que me extraña es que no recuerdo haber dejado nunca una vela ahí y sin embargo la encontré con toda facilidad. Abro mi puerta y desde el pasillo veo a mi papá en la cocina sentado a la luz de dos velas más y conversando con alguien (creo que mi hermano). Me extraña además que mi padre esté a esas horas conversando con alguien ahí, con corte de luz y todo, y que no me haya ido a despertar. Sigo caminando por el pasillo hacia ellos y despierto sobresaltado. Enciendo la lámpara, pero no prende. Me levanto, suponiendo que es un corte de luz y enciendo una vela... ya me parecía raro que la vela estuviera en un lugar demasiado asequible, lo anterior era un sueño, pero este también, y aún cuando lo percibo, no logro salir de él hasta que vuelvo a encontrarme caminando por el pasillo hacia la cocina donde están mi papá y su acompañante. En ese momento despierto... supongo que esta vez de verdad porque la luz sí encendió...

Sueño # 2
Esta secuencia onírica comienza con una introducción de la que no recuerdo nada claro. Sólo sé que al final me encuentro en un desierto en el ocaso. Como único punto de referencia hay un edificio cuadrangular de cemento de unos cuatro por cuatro metros y de unos ocho de altura. No tiene techo pero hacia el oeste el muro gris es reemplazado por una alta puerta de madera de dos batientes con enrejado. Se encuentra vieja y desvencijada, pero no veo otro refugio posible y entiendo que al esconderse el sol comienzan a llegar manadas inmensas de "camellos!" que se acuestan dentro y alrededor de la estructura para refrescarse del inclemente clima desértico, ya que los muros captan la niebla y alrededor se humedece la arena. Los veo venir a lo lejos y me alcanzo a meter a la torre y a cerrar las puertas pero sólo las aseguro con un delgado trocito de alambre que colgaba del borde. Los animales ya no son camellos sino caballos, y se comienzan a echar alrededor. Yo me quedo muy quieto dentro, pero uno de ellos nota mi presencia y se inquieta. Amenaza con empujar las puertas y yo sé que no resistirían una sola embestida, por lo que me comienzo a angustiar y sabiendo que la única salida son las puertas o el techo intento elevarme. Logro flotar pero apenas rozo el borde de los muros y bajo de nuevo [hace alrededor de dos o tres meses que no logro volar en mis sueños]. El caballo alerta con sus bufidos a los demás y me veo perdido, pero en ese instante siento que los demás le comunican que no soy un enemigo para ellos y también me lo hacen saber a mí intuitivamente. Mi angustia se desvanece y no sé si después de este espisodio abrí las puertas, pero al menos sobreviví hasta la mañana.

Sueño # 3
Estoy con otra persona en la orilla de una playa en la noche. Este personaje está de pie en la tierra y yo en una especie de kayac en el agua. De pronto veo sombras negras por todos lados moviéndose en el agua a mi alrededor y en un instante veo unos luminosos puntos rojos por todos lados. Me desespero un poco, pero la persona me tranquiliza diciéndome que son una especie de foca que en la noche emite luz con uno de sus ojos más que con el otro. La respuesta me tranquiliza un poco, pero lo cierto es que las negras figuras con sus ojos de diodo no son muy agradables. Luego, deslizándome en la canoa, dejo atrás la orilla, al personaje y a las focas y me acerco a una gran isla que se distingue no muy lejos. Doy la vuelta y me bajo por el costado que no se ve desde la costa. Viene una serie de escenas muy confusas, pero sé que tengo que entregarle a un niño una prótesis dental que envía su madre. En la isla parece estarse desarrollando un show pero subo unas amplias escalinatas hacia el centro de la isla y dejo eso atrás. Allí está el niño, y cuando voy a entregarle su diente, que tengo tomado entre el índice y el pulgar, noto que está algo caliente. Sospecho de mis dedos, y para salir de la duda tomo un trozo de algo cilíndrico, creo que madera, y lo afirmo entre los mismos dedos. El material humea y cuando lo suelto han quedado marcadas las yemas de mis dedos...

Friday, September 01, 2006

Una Antigua Persecución Racial

Copiapó, Jueves 31 de Enero de 2002

Hola, mi querida Azucena. Lo prometido es deuda. Éste es un sueño que tuve hace bastante tiempo y estoy seguro que lo anoté en un trozo de papel pero lo he buscado toda la mañana (son las 14:45) y no lo hallé así que lo voy a reescribir de la forma en que lo recuerdo. Espero no haber olvidado mucho aunque es bastante corto como para olvidar.

Comienza con una persecución (cosa no poco frecuente en mis sueños, como en los de todos, supongo). Tengo alrededor de 17 años (linda edad, ¿no crees?) y al parecer soy europeo por mis rasgos: rubio, cabello liso y hasta los hombros, ojos azules (no me achaques complejos de europeo, que en los sueños uno puede ser cualquier cosa). Me están persiguiendo por que soy de otra tierra, Irlanda, si mal no recuerdo. Se supone que todos los irlandeses deben ser marcados pero por la forma cruenta en que lo hacen, yo prefiero huir: les cortan un dedo de un hachazo... La verdad es que desconozco el por qué de esta mutilación.
Mis perseguidores parecen hombres rudos, bárbaros, y casi gigantescos a mi lado. Sus ropas son sucias y sus modales dejan bastante que desear. Me persiguen de a pie y lamentablemente corren más rápidamente que yo. A poco tiempo de correr tras de mí, ya me han atrapado (te aseguro que es una sensación bastante fea).
Me llevan en una especie de jaula de madera puesta sobre un carro. Me han golpeado y me hallo muy sucio. Hay otras carretas y en cada una llevan a más irlandeses. Creo que conmigo van otros más. Nos llevan al lugar en el cual nos cortarán un dedo a cada uno.
Y bien, el sueño no podía ser tan claro. Aquí comienza lo difuso ya que no sé cómo lo hice pero me encuentro corriendo de nuevo. Al parecer hubo una revuelta y logré escapar de mis perseguidores pero debo seguir huyendo tan rápido como mis piernas lo permiten. En ese momento se me ocurre que no tengo muchas posibilidades de escape. Estoy ya casi falto de esperanzas y muy desesperado cuando llego a las puertas de una especie de... una palabra para designar eso... Potrero (es que para mí es claro porque hay hartos por donde vivo pero no sé si los conoces y si es así, por cierto no han de ser los que llevo en mi imaginación). Al fondo se ve un hombre que en este lugar pastorea sus ovejas, que por lo demás se aprecian bastante grandes en la distancia y tras el velo amarillento de la neblina iluminada por el sol matinal. Yo le pido que me ayude. Por suerte el hombre acepta enseguida y me indica que me esconda entre los animales que se ven un poco más allá y paf!, (ya me imaginaba yo que no podía ser todo tan coherente en un sueño...) ¡eran elefantes!
Bueno, la cosa es que me escondí entre estos, los cuales eran muy mansos, y cuando llegan mis opresores, le preguntaban al pastor si me ha visto y éste no me delata.
No tengo ni la menor idea de lo que sucedió después porque desperté.

He ahí, querida Azucena, el relato de un sueño que te debía. No es necesario que me ayudes a interpretarlo, me basta con que te entretuviera como me entretuvo a mí.
Un gran abrazo para ti.

Kemendil